Que maravilloso es dormirte en el coche y que 150 km sean un pequeño instante en un sueño. Despertar atolondrada con dolor de cuello y los ojos hinchados, intentando reconocer el paisaje para ver lo que te queda por estar sentada. Parece que es un rato. Y los ojos se te cierran solos y vuelves a meterte en la escena de tu sueño, esa que nunca logras recordar. Para volver a despertarte en tu destino con la certeza de que el sueño que no recuerdas ha tenido que ser de lo más agradable.
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