Por las venas me corre horchata. No tengo sangre. Cómo puedo actuar así, no me entiendo ni yo. Si solo hay una y tú llegas antes, pues es tuya, y más si en el sitio en cuestión no se puede reservar. Pero no me gusta discutir con la gente, sencillamente cuando hay una discusión que no me interesa me voy. Lo hago muchas más veces de las que debería. Me comporto como un avestruz, pero yo en lugar de esconder la cabeza huyo.
Mis pensamientos se contradicen. Pienso que debería haberme quedado y luchado por mis intereses, aunque la b. en cuestión tampoco me interesa tanto, ni tenía muchas ganas, ni me gusta tanto para luchar por ella. Pero no es por la b., es por mí. La razón la tenía yo y la otra persona en cuestión se hubiera tenido que aguantar. Si me subo y tiro la toalla “reservadora” se hubiera tenido que aguantar. No se va a bajar de la b. para darme una paliza y echarme ( aunque si me ha echado con su cabezonería) .
Pero quedarme tampoco lo veo como una buena opción, toda la hora soportando su mirada de asco. Con el cabreo de la discusión en el cuerpo y sin disfrutar de mi supuesta hora de relax y deporte. Así que me he venido a mi casa muy cabreada por no luchar por mis intereses. Pero me disculpa el montón de cosas que tengo que hacer para andar preocupándome por peleas de bicicletas.
Exactamente, estudia, no comas chocolate en exceso y a tomar por ahí la bicicleta y lo demás.
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