Cosas muy útiles que he enseñado.
A hacer bizcochos. No enseño a hacer bizcochos, eso no, pero si que enseñé en su momento las unidades de masa. Yo no sabía lo importantes que eran hasta que mi alumna ( adulta) me dijo: Aaaaaaanda, por eso no me salen los bizcochos de las recetas que me saco de Internet.
A rellenar una reclamación. Eso de localidad se refiere al pueblo, y en provincia Sevilla... cosas aparentes sencillas que pueden ser un mundo para algunas personas.
A coger un ratón y un ordenador. Fascinante.
A leer. Lo más bonito y motivador de todo. Tu llegas a un sitio y una serie de pequeños individuos no sabe leer. Pasa el tiempo y no leen, te esfuerzas, cambias de método, coges fichas, tarjetas y letras de colores, lees cuentos, ...pero no. Pasan los meses. Qué te vas y no aprenden. Desesperación. Pides ayuda y te dicen: No estarán maduros, ya aprenderán. Y tú piensas que tienes un peral en vez de una clase. Continúas con tu trabajo sin ver resultados. Piensas ¿ seré yo? ¿ seré tonta? … Pero no. Un día, misteriosamente, como por arte de magia un niño lee “ cocodrilo y ladrillo” y caes en la cuenta de la extrema dificultad de esas palabras y de repente … leen. Y no solo mi pequeño mocoso del ladrillo. Los niños leen. Ahora todo es felicidad en la clase. Los pequeños son “ autónomos” para leer en su pequeño libro y escribir los huecos. Qué bien, y la maestra supercontenta. En la feria del libro casi lloro. No solo leían los pequeños, es que los puñeteros se portaron tan bien. Cambiaron un libro leído por otro. Llevaban su libro y les daban un vale para cambiarlo. Cuando todos lo habían cambiado había que pasar a una exposición y en la espera los niños más grandes corrían y alborotaban. Así que les dije a mis alumnillos que tenía que sentarse en el suelo y leer su nuevo libro, y eso hicieron. Tan bonitos y tan buenos todos leyendo su libro. Y a la semana se acabo la sustitución y me fui a otro cole. Qué pena, qué gran pena, ahora que ya sabían leer.
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