Tener que compartir el ascensor con un desconocido. Si hay alguien esperando elcubículo diminuto subo por las escaleras. Pero cuando la que esperas eres tú y el indeseable extraño llega después no te queda más remedio que compartir el aire del ascensor con él.
Que toda la ropa esté perfectamente tendida en la azotea y cuando subas a recogerla, la única prenda que ha salido volando y está manchándose en el suelo sea una camisa, que como no, es blanca.
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